sábado, 28 de septiembre de 2013
FOTOPAPELETAS... LIMA.
Hemos visto con el transcurrir del tiempo que este sistema no es muy bueno... se han encontrado fallas en la operatividad, como poner papeletas en un lugar donde no había ninguna clase de señalización... y los mismos agraviados están reuniendo pruebas para demostrar su verdad. Gracias a las redes sociales, este llamado está siendo escuchado por las autoridades que están tomando cartas en el asunto... Espero que den buenos resultados.
sábado, 7 de septiembre de 2013
STRES = MAL ALIENTO
Los nervios provocan sequedad en la boca y son una de las causas de la
halitosis ocasional, según especialistas; por qué aparece esta
"enfermedad social"; los perjuicios en lo cotidiano; cómo resolverlo
El estrés vuelve a dar de qué hablar. Mientras más
nervios pasa una persona, peor es su aliento. Según expertos en
halitosis, esta "enfermedad social", que puede ser ocasional o crónica,
se produce por falta de oxígeno en la boca. "El estrés influye muchísimo
en el mal aliento, es directamente proporcional; los nervios hacen que
se deshidrate, sobre todo, la lengua y la halitosis ocasional se produce
por la falta de oxígeno temporal en la boca", explica a lanacion.com la Dra. Liza Marigo Klein, experta en este tema.
Otras causantes de la halitosis temporaria son la fiebre, dormir durante
más de media hora, los fármacos, la quimioterapia, el cigarrillo, el
alcohol, la falta de ingesta de alimentos por un período largo de
tiempo, no tomar mucho líquido en el día. Las causas son tan variadas
que esto explica que todas las personas la padezcan en algún momento del
día.
En el caso de la halitosis crónica, en cambio, los desencadenantes
tienen más que ver con una placa bacteriana que se produce en la lengua y
que alberga bacterias anaeróbicas; éstas proliferan en sitios como
encías inflamadas, espacios interdentarios, pliegues de la lengua, etc.
Marigo Klein se extiende en definiciones y tratamientos de este
"desequilibrio bacteriano considerado una enfermedad social". Focaliza
en el impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen. "Te aleja de
los vínculos, porque la gente no quiere hablar con alguien que exhala un
aroma desagradable, produce inevitablemente distancia", dice y se
explaya en casos de pacientes que se separaron de sus parejas por este
problema, otros que estaban en crisis y lograron recomponer sus
vínculos, de personas que se volvieron más sociables, que ganaron
seguridad en el trato con sus pares y con sus superiores en el trabajo,
entre otras historias.
Paola llega al consultorio y accede a contar su historia a lanacion.com.
Pide, al igual que los demás pacientes, no dar la cara. "Ni siquiera
con mi marido hablo de esto. Es algo que avergüenza, deserotiza, no sé
bien qué es pero prefiero no hablar en cámara", se excusa. Cuenta que
hace años que estaba con esta "molestia", que no lograba opacar con
chicles ni pastillas, y que no bien vio a un especialista confirmó como
halitosis crónica y empezó el tratamiento.
Lo que ocurre con su marido es curioso, porque con él entró en crisis y
estuvo a punto de separarse por el rechazo que ella percibía; sin
embargo, nunca pudieron conversar sobre el tema. "Ahora que estoy en
tratamiento volvió la intensidad de los besos, volvió la pasión", dice
sonriente, segura, y mira a su médica.
El atacante nacional derramó lágrimas de hombre tras el pitazo final del cuestionado árbitro. Vargas y Reyna se acercaron a consolarlo.
Fue el más destacado de la selección peruana a lo largo del partido.
Le pegaron y no le cobraron falta, pero igual la luchó todas arriba,
sin importar esta desventaja. De sus pies salieron el gol que por unos
minutos nos dio la esperanza.
Jefferson Farfán fue el peruano que más resaltó en el partido de anoche frente a Uruguay. Pese a que el árbitro no ayudó a cuidar al jugador más hábil. El atacante del Schalke 04 se las ingenió por crear peligro en el arco de Muslera.
Sobre los 83’ del encuentro, acarició el balón para clavarla al fondo del arco uruguayo, un golazo que sirvió para regalarnos ilusión, una ilusión que el más vio transformada en tristeza, tras el pitazo final del cuestionado Loustau.
Una vez acabado el compromiso, Farfán se tiró al campo del juego, como quien no creyendo lo que estaba pasando, el sueño del Mundial Brasil 2014 es más que difícil. Jefferson derramó lágrimas de hombre, lloró por lo sucedido, por todo el esfuerzo que dio y que no fue suficiente.
Juan Manuel Vargas y Yordy Reyna se acercaron para consolarlo y tranquilizarlo.
Jefferson Farfán fue el peruano que más resaltó en el partido de anoche frente a Uruguay. Pese a que el árbitro no ayudó a cuidar al jugador más hábil. El atacante del Schalke 04 se las ingenió por crear peligro en el arco de Muslera.
Sobre los 83’ del encuentro, acarició el balón para clavarla al fondo del arco uruguayo, un golazo que sirvió para regalarnos ilusión, una ilusión que el más vio transformada en tristeza, tras el pitazo final del cuestionado Loustau.
Una vez acabado el compromiso, Farfán se tiró al campo del juego, como quien no creyendo lo que estaba pasando, el sueño del Mundial Brasil 2014 es más que difícil. Jefferson derramó lágrimas de hombre, lloró por lo sucedido, por todo el esfuerzo que dio y que no fue suficiente.
Juan Manuel Vargas y Yordy Reyna se acercaron para consolarlo y tranquilizarlo.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
EL HOMBRE Y EL CLIMA
Desde
sus inicios, la vida humana ha estado íntimamente relacionada con los fenómenos
naturales. Las lluvias y sequías, las erupciones volcánicas, los terremotos,
los huracanes, las variaciones de temperatura, etc., influyeron –y aún lo
hacen– en el desarrollo de las distintas civilizaciones, en todos los órdenes
de la vida, tanto intelectuales como materiales: las creencias religiosas, las
ciencias, la filosofía, el desarrollo tecnológico, la agricultura, la
arquitectura, la alimentación, etc.
Los
cambios en el clima
El
clima cambia por procesos naturales, tanto internos como externos. Entre los
primeros sobresalen las emisiones volcánicas y otras fuentes de gases de efecto
invernadero como, por ejemplo, el metano emitido por los animales, también la
deriva continental, la composición atmosférica, las corrientes oceánicas y el
campo magnético terrestre. Entre los segundos pueden citarse los cambios en la
órbita de la Tierra alrededor del Sol y la propia actividad solar.
A estos procesos naturales deben sumarse los
efectos de la actividad que la humanidad desarrolla desde hace milenios. Su
influencia comenzó con la deforestación de bosques para convertirlos en tierras
de cultivo y pastoreo, restando a la superficie terrestre masas boscosas que
absorben dióxido de carbono. A esto se suma el hecho de quemar combustibles
fósiles –petróleo, carbón y gas natural– en cantidades cada vez mayores para
hacer funcionar fábricas, vehículos y centrales eléctricas, causando un aumento
de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, alterando el equilibrio
natural y produciendo un aumento de la temperatura en todo el mundo –el
“calentamiento global”–, con sus efectos en el clima. Hoy se discute mucho
sobre el cambio climático, pero aún no está del todo demostrado que se debe solo
a causas antrópicas.
LA PRÓXIMA GUERRA... LA GUERRA DEL AGUA
El agua brota como el mayor
conflicto geopolítico del siglo xxi, ya que se espera que en el año 2025 la demanda de este elemento,
tan necesario para la vida humana, será un 56% superior al suministro... y
quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Se calcula que
para los 6250 millones de habitantes a los que hemos llegado se necesitaría ya
un 20% más de agua. La pugna es entre quienes creen que el agua debe ser
considerada un bien comerciable (como el trigo y el café) y quienes expresan que
es un bien social relacionado con el derecho a la vida. Los alcances de la
soberanía nacional y las herramientas legales son también parte de este
combate.
En la mayoría de las regiones, el
problema no es la falta de agua dulce potable, sino más bien la mala gestión y
distribución de los recursos hídricos y sus métodos. La mayor parte del agua
dulce se utiliza para la agricultura, mientras que una cantidad sustancial se
pierde en el proceso de riego. La mayoría de los sistemas de riego funcionan de
manera ineficiente, por lo que se pierde aproximadamente el 60 por ciento del
agua que se extrae, el cual se evapora o vuelve al cauce de los ríos o a los
acuíferos subterráneos. Los métodos de riego ineficientes entrañan sus propios
riesgos para la salud; así por ejemplo, el anegamiento de algunas zonas de Asia
Meridional es el determinante fundamental para la transmisión de la malaria,
situación que se reitera en muchas otras partes del mundo.
Este
recurso es un bien tan necesario que podría pasar a ser objeto de
enfrentamientos políticos si se le observa solo como un negocio, lo que
actualmente sucede con el embotellamiento del agua.
Entre 1970 y el 2000, la venta del
agua creció más de 80 veces. Hoy en día, la industria del agua se embolsa 200
000 millones de euros por la venta del agua embotellada, solo las
multinacionales francesas Vivendi y Suez controlan el 40% del mercado mundial
operando en más de 200 países de todo el mundo con el apoyo del BM, el FMI y la
OMC.
EL FUTBOL PERUANO
Me he opuesto, me opongo y me opondré siempre al fútbol peruano porque es una fuente eterna y despiadada de frustración. Porque siempre ilusiona a tanta pobre gente, y en tiempo récord, luego la defrauda y la deprime hasta niveles de suicidio colectivo. Porque exalta un patrioterismo barato, cerril, prepotente e inútil. Porque sus fracasos siempre terminan dándole la razón a los ampays de los programas de espectáculos. Porque genera ganancias absurdamente millonarias en publicidad, ¡y de cerveza! Porque esos comerciales futboleros no aspiran a construir ningún país de deportistas ganadores sino uno de borrachines necios e inservibles. Porque esas campañas venden la idea de que triunfar en la vida es ser, justamente, una Foca Farfán: ganar mucha plata afuera, no mandarle a tus hijos (negados) ni para el té y cuidarse tanto las sacrosantas piernecitas cada vez que le toca ponerse la blanquirroja. Porque es el caldo de cultivo para los narradores deportivos más obvios y afásicos del mundo. Porque es la fuente de inspiración para los titulares de diarios más ridículamente candelejones. Porque el floro pomposo con que los comentaristas de fútbol se adornan demora siempre quince minutazos para decir lo que se podría haber dicho en ninguno, o sea: nada. Porque endiosa a cualquier NN al que liga un gol y masacra hasta a la mamá de la superestrella que lo falla. Porque produce lamentables filósofos instantáneos como el santurrón de Oré o el calzonazo de Ternero. Porque nos habitúa a una mediocridad tal que llegamos a sentirnos supercampeones cuando empatamos cero a cero.
Porque por empatar tienen la majestuosa desfachatez de pretender cobrar ocho mil dólares de premio. (¿Y con cuánto los premian por perder?) Porque sobrevalúa jotitas que no le han ganado a nadie todavía y los infla como globos hasta el día en que –lógico– reventarán con el ensordecedor estruendo de los verdaderos bluffs. Porque sus estrellas internacionales –que llegan a hacernos el gran favor de jugar por su ex barrio, o sea, por su país– vienen llenecitos de esos disfuerzos tan típicos de los imbéciles con plata: ayer nomás dormían en Huaycán y hoy exigen suite en El Golf Los Inkas. Y porque las raras veces en que se hace matemáticamente posible la victoria en algún irrelevante partido amistoso, los primeros en colgarse de la veintiúnica victoria son los presidentes, los mismos presidentes que no hacen nunca absolutamente nada para que el oprobioso fútbol peruano deje de trapear internacionalmente el piso con nuestra bandera y pueda, algún día, dar un poquito menos de lástima que la que viene dándole –en las últimas tres décadas– al planeta entero. ¡Así no, pues, así no!
Porque por empatar tienen la majestuosa desfachatez de pretender cobrar ocho mil dólares de premio. (¿Y con cuánto los premian por perder?) Porque sobrevalúa jotitas que no le han ganado a nadie todavía y los infla como globos hasta el día en que –lógico– reventarán con el ensordecedor estruendo de los verdaderos bluffs. Porque sus estrellas internacionales –que llegan a hacernos el gran favor de jugar por su ex barrio, o sea, por su país– vienen llenecitos de esos disfuerzos tan típicos de los imbéciles con plata: ayer nomás dormían en Huaycán y hoy exigen suite en El Golf Los Inkas. Y porque las raras veces en que se hace matemáticamente posible la victoria en algún irrelevante partido amistoso, los primeros en colgarse de la veintiúnica victoria son los presidentes, los mismos presidentes que no hacen nunca absolutamente nada para que el oprobioso fútbol peruano deje de trapear internacionalmente el piso con nuestra bandera y pueda, algún día, dar un poquito menos de lástima que la que viene dándole –en las últimas tres décadas– al planeta entero. ¡Así no, pues, así no!
EL CARGADOR DE AGUA
Un cargador de agua
de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo,
las cuales llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias
grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua hasta el
final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón.
Cuando el aguador llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue
así diariamente. Desde luego, la vasija sana estaba muy orgullosa de sus
logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la
pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se
sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que
era su obligación.
Después de dos años, la tinaja
quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero
disculpar contigo. Debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi
carga y así obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.
El aguador, apesadumbrado, le dijo
compasivamente: “Cuando regresemos a la casa, quiero que notes las bellísimas
flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja. En efecto, vio
muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, aunque de todos modos se
sintió apenada porque al final, solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que
debía llevar.
El aguador le dijo entonces: “¿Te
diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he
sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas
de flores a todo lo largo del camino por donde vas. Todos los días las he
regado, y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar
de mi madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no
hubiera sido posible crear esta belleza”.
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