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viernes, 8 de noviembre de 2013

La historia de mi vida... próximamente

Muy pronto, entre posteo y posteo, publicaré pequeñas anécdotas que me ocurrieron...

miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL CARGADOR DE AGUA


Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo, las cuales llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Cuando el aguador llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija sana estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo. Debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y así obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a la casa, quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja. En efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, aunque de todos modos se sintió apenada porque al final, solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas. Todos los días las he regado, y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza”.

viernes, 10 de agosto de 2012

FRAGMENTO DE NUESTRA HISTORIA


La historia de nuestro país nos ha dejado muchas enseñanzas sobre el divisionismo y sus consecuencias nefastas. Si no, recordemos la triste historia de Huáscar y Atahualpa, los hijos del Inca Huayna Cápac, quienes al destruirse entre sí en cruentas guerras civiles permitieron que los invasores españoles acaben con tan gran imperio, el imperio de nuestros incas. Más adelante, el personalismo hizo que los libertadores Bolívar y San Martín no llegaran a un acuerdo, lo cual significó el perder la gran oportunidad de que hoy por hoy seamos una de las comunidades más importantes del mundo. Son lecciones que nos demuestran el daño que causa el divisionismo, y sin embargo, una vez más el divisionismo nos hizo presa fácil de nuestros enemigos extranjeros.
Ya entrando en la historia republicana de nuestro país, las peleas y divergencias entre los generales Santa Cruz y Gamarra en la época independentista consiguieron que el Alto Perú se desligue de nuestro suelo para formar otra bandera y seguirnos empequeñeciendo tontamente. Para resumir lo dicho bastará con remontarnos al génesis de las sagradas escrituras, cuando Caín mató a Abel por soberbia, envidia y egolatría.

domingo, 5 de agosto de 2012

LA FILOSOFIA A TRAVES DE LA HISTORIA


A continuación presentamos un pequeño bosquejo para comprender la historia de la filosofía en Occidente.
La filosofía antigua tiene como punto de partida la realidad, por ello se dice que esta se origina en la admiración y asombro ante el mundo. Platón y Aristóteles representan el periodo ontológico donde se aborda el estudio de diversos temas: la realidad, el hombre, el conocimiento, la política, la ética y la educación.
 La filosofía medieval tiene como punto de partida la fe en Dios, por ello la filosofía se subordina a la Teología. Durante el periodo patrístico se combaten las herejías y  se elabora la doctrina de la Iglesia católica; ya en el periodo escolástico se busca conciliar la fe y la razón. Tomás de Aquino elabora un sistema filosófico compatible con la religión cristiana.
La filosofía moderna tiene como punto de partida la duda y crítica de los saberes de la época feudal, y se funda en el sujeto pensante. La filosofía busca fundamentar el conocimiento humano, surgiendo el racionalismo de René Descartes, el empirismo de John Locke y el criticismo de Immanuel Kant. El punto culminante de la filosofía moderna lo constituye Hegel con su tesis de la idea absoluta y el carácter dialéctico de la realidad.
Los pensadores posteriores a Hegel asumirán posturas diversas con respecto a la filosofía. Para Carlos Marx, la filosofía está llamada a interpretar y transformar nuestro mundo. Para Augusto Comte, la filosofía positivista rechaza la metafísica y la Teología, y pone énfasis en el conocimiento científico. Para Nietzsche, la filosofía debe estar al servicio de la vida, para ello es necesario transmutar nuestros valores y convertirnos en Superhombre.
Por último, en el siglo xx, Martín Heidegger sostendrá que la filosofía debe retomar el estudio del ser, mientras que Ludwig Wittgenstein sostendrá que la filosofía es una actividad que debe esclarecer el pensamiento y corregir los pseudoproblemas filosóficos que surgen por el mal uso del lenguaje.
Como vemos, la filosofía se entiende de diversas maneras a lo largo de la historia, no podemos responder la pregunta ¿qué es la filosofía? sin asumir una postura filosófica.

jueves, 29 de marzo de 2012

Orfeo y Eurídice

Cuenta la leyenda que, en la época en que dioses y seres fabulosos poblaban la tierra, vivía en Grecia un joven llamado Orfeo, que solía entonar hermosísimos cantos acompañado por su lira. Su música era tan hermosa que, cuando sonaba, las fieras del bosque se acercaban a lamerle los pies y hasta las turbulentas aguas de los ríos se desviaban de su cauce para poder escuchar aquellos sones maravillosos.
La música y las palabras de Orfeo eran tan conmovedoras que consiguieron paralizar las penas de los castigados a sufrir eternamente. Y lograron también ablandar el corazón de Plutón, quien por un instante sintió que sus ojos se le humedecían.
—Joven Orfeo –dijo Plutón–, hasta aquí habían llegado noticias de la excelencia de tu música; pero nunca, hasta tu llegada, se habían escuchado en este lugar sones tan turbadores como los que se desprenden de tu lira. Por eso, te concedo el don que solicitas, aunque con una condición.
—¡Oh, poderoso Plutón! –exclamó Orfeo–. Haré cualquier cosa que me pidáis con tal de recuperar a mi amadísima esposa.
—Pues bien –continuó Plutón–, tu adorada Eurídice seguirá tus pasos hasta que hayáis abandonado el reino de las tinieblas. Solo entonces podrás mirarla. Si intentas verla antes de atravesar la laguna Estigia, la perderás para siempre.
—Así se hará –aseguró el músico.
Y Orfeo inició el camino de vuelta hacia el mundo de la luz. Durante largo tiempo Orfeo caminó por sombríos senderos y oscuros caminos habitados por la penumbra. En sus oídos retumbaba el silencio. Ni el más leve ruido delataba la proximidad de su amada. Y en su cabeza resonaban las palabras de Plutón: "Si intentas verla antes de atravesar la laguna de Estigia, la perderás para siempre".
Por fin, Orfeo divisó la laguna. Allí estaba Carón con su barca, y al otro lado, la vida y la felicidad en compañía de Eurídice. ¿O acaso Eurídice no estaba allí y solo se trataba de un sueño? Orfeo dudó por un momento y, lleno de impaciencia, giró la cabeza para comprobar si Eurídice le seguía. Y en ese mismo momento vio como su amada se convertía en una columna de humo que él trató inútilmente de apresar entre sus brazos, mientras gritaba preso de la desesperación:
—¡Eurídice, Eurídice!
Orfeo lloró y suplicó perdón a los dioses por su falta de confianza, pero solo el silencio respondió a sus súplicas. Y según cuentan las leyendas, Orfeo, triste y lleno de dolor, se retiró a un monte donde pasó el resto de su vida sin más compañía que su lira y las fieras que se acercaban a escuchar los melancólicos cantos compuestos en recuerdo de su amada.
Un día en que Orfeo se encontraba en el corazón del bosque, tañendo su lira, descubrió entre las ramas de un lejano arbusto a una joven ninfa que, medio oculta, escuchaba embelesada. Orfeo dejó a un lado su lira y se acercó a contemplar a aquel ser, cuya hermosura y discreción no eran igualadas por ningún otro.
—Hermosa ninfa de los bosques –dijo Orfeo–, si mi música es de tu agrado, abandona tu escondite y acércate a escuchar lo que mi humilde lira tiene que decirte.
La joven ninfa, llamada Eurídice, dudó unos segundos, pero finalmente se acercó a Orfeo y se sentó junto a él. Entonces, Orfeo compuso para ella la más bella canción de amor que nunca se había oído en aquellos bosques. Y pocos días después se celebraba, en aquel mismo lugar, la boda de Orfeo y Eurídice.
La felicidad y el amor llenaron los días de la joven pareja. Pero los hados, que todo lo truecan, vinieron a cruzarse en su camino. Y una mañana, en que Eurídice paseaba por un verde prado, una serpiente vino a morder el delicado talón de la ninfa, depositando en él la semilla de la muerte. Así fue como Eurídice murió apenas unos meses después de haber celebrado su boda.
Al enterarse de la muerte de su amada, Orfeo cayó presa de la desesperación. Lleno de dolor decidió descender a las profundidades infernales, para suplicar que permitieran a Eurídice volver a la vida.
Aunque el camino a los infiernos era largo y estaba lleno de dificultades, Orfeo consiguió llegar hasta el borde de la laguna Estigia, cuyas aguas separan el reino de la luz del reino de las tinieblas. Allí entonó un canto tan triste y tan melodioso que conmovió al mismísimo Carón, el barquero encargado de transportar las almas de los difuntos hasta la otra orilla de la laguna.
Orfeo atravesó en la barca de Carón, las aguas que ningún ser vivo puede cruzar. Y una vez en el reino de las tinieblas, se presentó ante Plutón, dios de las profundidades infernales y acompañado de su lira, pronunció estas palabras:
–¡Oh, señor de las tinieblas! Heme aquí, en vuestros dominios, para suplicaros que resucitéis a mi esposa Eurídice y me permitáis llevarla conmigo. Yo os prometo que cuando nuestra vida termine, volveremos para siempre a este lugar.