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domingo, 5 de agosto de 2012

LA FILOSOFIA A TRAVES DE LA HISTORIA


A continuación presentamos un pequeño bosquejo para comprender la historia de la filosofía en Occidente.
La filosofía antigua tiene como punto de partida la realidad, por ello se dice que esta se origina en la admiración y asombro ante el mundo. Platón y Aristóteles representan el periodo ontológico donde se aborda el estudio de diversos temas: la realidad, el hombre, el conocimiento, la política, la ética y la educación.
 La filosofía medieval tiene como punto de partida la fe en Dios, por ello la filosofía se subordina a la Teología. Durante el periodo patrístico se combaten las herejías y  se elabora la doctrina de la Iglesia católica; ya en el periodo escolástico se busca conciliar la fe y la razón. Tomás de Aquino elabora un sistema filosófico compatible con la religión cristiana.
La filosofía moderna tiene como punto de partida la duda y crítica de los saberes de la época feudal, y se funda en el sujeto pensante. La filosofía busca fundamentar el conocimiento humano, surgiendo el racionalismo de René Descartes, el empirismo de John Locke y el criticismo de Immanuel Kant. El punto culminante de la filosofía moderna lo constituye Hegel con su tesis de la idea absoluta y el carácter dialéctico de la realidad.
Los pensadores posteriores a Hegel asumirán posturas diversas con respecto a la filosofía. Para Carlos Marx, la filosofía está llamada a interpretar y transformar nuestro mundo. Para Augusto Comte, la filosofía positivista rechaza la metafísica y la Teología, y pone énfasis en el conocimiento científico. Para Nietzsche, la filosofía debe estar al servicio de la vida, para ello es necesario transmutar nuestros valores y convertirnos en Superhombre.
Por último, en el siglo xx, Martín Heidegger sostendrá que la filosofía debe retomar el estudio del ser, mientras que Ludwig Wittgenstein sostendrá que la filosofía es una actividad que debe esclarecer el pensamiento y corregir los pseudoproblemas filosóficos que surgen por el mal uso del lenguaje.
Como vemos, la filosofía se entiende de diversas maneras a lo largo de la historia, no podemos responder la pregunta ¿qué es la filosofía? sin asumir una postura filosófica.

jueves, 29 de marzo de 2012

Cuento con valores

TENACITAS EN PELIGRO
Tenacitas era un cangrejito pequeño que vivía en una playa muy bella, junto a sus papás y cuatro hermanos más, todos mayores que él.
La verdad es que Tenacitas daba un poco de trabajo no solo a sus padres, sino a sus hermanos también.
Todos estaban pendientes de él y de las cosas que hacía, pues no solo era inquieto; sino que además parecía tener una fascinación especial por el peligro.
No tenía miedo a nada. Tampoco entendía que debía ser prudente con algunas cosas. Tenacitas tenía mucho que aprender.
Cierto día, el pequeño cangrejito vio cómo unos pescadores ataban sus anzuelos a las cañas de pescar y las elevaban muy pero muy alto, para luego introducirlas al mar.
—¡Quiero volar como esas lombrices!– dijo Tenacitas a uno de sus hermanos.
—Ni lo sueñes, hermanito. Podrías desprenderte de la caña, lastimarte o peor aún, algún pez gordo te comería seguramente.
—¡Pues que me agarre si puede!– dijo nuestro amigo y salió corriendo.
En un descuido del pescador, tomó el anzuelo con su boca y lo sujetó mordiéndolo. Así se quedó durito dispuesto a hacer el vuelo de su vida.
Lo que no tuvo en cuenta, el pequeño, fue el susto del pescador cuando, en vez de una lombriz, encontró un cangrejo en su caña. El grito se escuchó hasta el balneario vecino, justo donde fue a parar Tenacitas; luego de que el pescador se repusiera del susto y lo arrojara por los aires, como a una brasa caliente.
—¡Esto es vida! ¡Estoy volando! –Gritaba de alegría, el pequeño cangrejo, sin darse cuenta que había puesto en peligro su vida.
Al regresar a su playa, sus papás y hermanos lo regañaron, pero él no dio mayor importancia.
—Sos muy imprudente, Tenacitas, algún día tendrás un serio problema– dijo su papá.
—¡Qué exagerados! Por un paseíto al balneario vecino, tanto escándalo– respondió el pequeño.
A la semana siguiente, y mientras tomaba sol con sus hermanos mayores, Tenacitas vio como unos muchachos hacían surf con unas tablas muy hermosas y a gran velocidad.
—¡Cómo me gustaría surfear a mi también!– pensó el cangrejito. No dijo nada, pues sabía que le dirían que no lo intente. Esperó a que sus hermanos hicieran su acostumbrada siesta bajo el sol, y apenas pudo, salió corriendo hacia la orilla.
Nadó como nunca antes y alcanzó al joven y a su tabla de surf. Como pudo subió a ella. Empezó a resbalarse; el joven sin darse cuenta lo pisaba a cada rato. La velocidad era más de la que nuestro amiguito había pensado. Por un momento empezó a temer, pero su amor por el peligro pudo más y empezó a disfrutar de la situación.
De repente, una ola inmensa se abalanzó sobre él y lo empujó mar adentro.
—¿Qué haces aquí, se puede saber?– preguntó una estrella de mar, poco acostumbrada a ver cangrejos por esas profundidades.
—¡Vengo de surfear! No te imaginas lo lindo que es.– Tenacitas le contó su experiencia a la estrellita, que lo escuchaba sin entender demasiado.
—No sabía que los cangrejos hacían esas cosas –comentó su nueva amiga.
—Los cangrejos comunes no, solo los que no tenemos miedo a nada.
Dicho esto, comenzó a nadar para salir a la superficie y volver a su casa. Cuando asomó sus ojitos saltones, vio a toda su familia desesperada y llamándolo a los gritos.
—¡Calma! ¿Por qué tanto griterío?– preguntó el imprudente cangrejito. –¿Es que no se puede surfear en esta playa?
—¿No te das cuenta, hijo? ¡Pensamos que te habías ahogado, que te habíamos perdido para siempre!– lloraba su mamá.
—¡No es para tanto, mami; ustedes se hacen demasiado problema, así se van a arrugar, todos, y parecerán tortugas marinas!
—No estamos para bromas, Tenacitas, lo que hiciste es muy peligroso– dijo enojado su papá.
—¡Son muy exagerados, realmente no es para tanto! Un poco de acción nunca viene mal.
Era evidente que nuestro amiguito no entendía lo que los suyos le querían decir.
A la semana siguiente, vio a una familia haciendo picnic en la arena. Había mucha comida y toda muy rica.
Esperando un descuido de sus hermanos, que tenían encomendado no dejarlo ni a sol ni a sobra, caminó hasta donde estaba la familia, el mantel en la arena y, por supuesto, la comida. Sabía que no era una buena idea, que acercarse tanto podría tener un riesgo; pero una vez más eligió ponerse en peligro.
Dispuesto a abalanzarse sobre un riquísimo queso, fue descubierto por el más chiquito de la familia, un niño al que le encantaban los animales.
—¡Miren esto, un cangrejo! ¿Me lo puedo llevar a casa, mami?– preguntó el niño, ante la sorpresa y susto de Tenacitas.
—Si lo vas a cuidar, sí– le contestó la mamá, quien no tenía idea que un cangrejo no es un animal que se pueda domesticar.
Muy feliz, el niño colocó al cangrejito dentro de un frasco, al que le agregó un poco de arena y agua, y le hizo unos agujeritos a la tapa.
Tenacitas comenzó a gritar, se dio cuenta que estaba en verdadero peligro. Supo que si salía de la playa en ese frasco, jamás volvería a ver a su familia.
Tanto gritó que finalmente sus hermanos lo escucharon. No podían creer lo que veían. Una familia se retiraba de la playa y un niño muy sonriente se llevaba a su hermanito menor en un frasco.
Decididos a rescatarlo, sus hermanos, sus papás y cuanto cangrejo andaba por la playa se lanzaron hacia la familia, quienes al ver la cantidad de cangrejos se asustaron mucho.
En el lío que se armó, el pequeño trastabilló, dejando caer el frasco que –por suerte para Tenacitas– se rompió en varios pedazos, liberándolo.
Habiendo logrado su cometido, todos los cangrejos –incluido nuestro imprudente amiguito– salieron corriendo y dejaron a la familia muy asustada, y al niño llorando por haber perdido a su nueva mascota.
Esta vez sí que Tenacitas supo lo que era el miedo. El solo hecho de pensar que no volvería a ver a su familia, le dio terror.
Abrazando a su mamá, pensó en todas las veces que le habían advertido, que tuviera cuidado; y él no había hecho caso.
Luego del episodio del frasco, Tenacitas cambió mucho; pero más aún cambió la vida de sus padres y hermanos, quienes pudieron descansar tranquilos, sabiendo que ahora el pequeño sabía cuidarse bien.
Moraleja:
Hay quienes necesitan que les pase algo realmente feo para darse cuenta de lo importante que es ser prudente.