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miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL CARGADOR DE AGUA


Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo, las cuales llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Cuando el aguador llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija sana estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo. Debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y así obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a la casa, quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja. En efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, aunque de todos modos se sintió apenada porque al final, solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas. Todos los días las he regado, y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza”.

jueves, 2 de agosto de 2012

¿QUÉ ES LA MEMORIA?

Por memoria entendemos la capacidad para repetir una conducta aprendida previamente. Esta conducta entendida en un sentido muy general, abarca tantos procesos psicomotores como verbales, y supone un aprendizaje anterior. La distinción que todavía hacen algunos psiquiatras entre memoria de fijación y de evocación no posee una significación real, ya que con la primera se quiere indicar la capacidad para repetir inmediatamente una tarea recién aprendida y con la segunda la repetición de conductas fijadas en un periodo más o menos remoto.
        En primera instancia surge, sin embargo, una objeción a esta distinción: cuando recordamos cierto incidente de nuestra niñez, este incidente (un castigo que sufrimos, una caída, etc.) no tiene a primera vista relación alguna con el concepto vulgar de la palabra aprendizaje y, sin embargo, sí la tiene, ya que la evocación de esa escena implica una asociación previa entre unas circunstancias de espacio y tiempo y una serie de imágenes que, como en el caso del reflejo de salivación de Pavlov, son despertados por esos estímulos. El que, como en muchos reflejos condicionados o de ciertos aprendizajes por intuición, no hay sido necesaria la repetición de la escena no destruye su naturaleza de proceso de aprendizaje. Evocar, en efecto, cualquier hecho de nuestra existencia en nada se diferencia de recitar un poema que nos hemos aprendido de memoria.