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jueves, 2 de agosto de 2012
EDUCACIÓN EMOCIONAL
La familia es la primera escuela para el aprendizaje emocional. Por lo tanto, el uso inteligente de las emociones debería comenzar en ella, y continuar después en la escuela. Los entornos familiar y escolar, y más tarde del social, proporcionarán al niño muchos de los referentes que le conformarán en el futuro y que utilizará como patrón de comportamiento en su desenvolvimiento diario. Se espera de padres, profesores y sociedad, en general, el compromiso mutuo y la complementariedad de sus funciones en ese proyecto común que es educarle emocionalmente.
¿QUÉ ES LA MEMORIA?
Por memoria entendemos la capacidad para repetir una conducta aprendida previamente. Esta conducta entendida en un sentido muy general, abarca tantos procesos psicomotores como verbales, y supone un aprendizaje anterior. La distinción que todavía hacen algunos psiquiatras entre memoria de fijación y de evocación no posee una significación real, ya que con la primera se quiere indicar la capacidad para repetir inmediatamente una tarea recién aprendida y con la segunda la repetición de conductas fijadas en un periodo más o menos remoto.
En primera instancia surge, sin embargo, una objeción a esta distinción: cuando recordamos cierto incidente de nuestra niñez, este incidente (un castigo que sufrimos, una caída, etc.) no tiene a primera vista relación alguna con el concepto vulgar de la palabra aprendizaje y, sin embargo, sí la tiene, ya que la evocación de esa escena implica una asociación previa entre unas circunstancias de espacio y tiempo y una serie de imágenes que, como en el caso del reflejo de salivación de Pavlov, son despertados por esos estímulos. El que, como en muchos reflejos condicionados o de ciertos aprendizajes por intuición, no hay sido necesaria la repetición de la escena no destruye su naturaleza de proceso de aprendizaje. Evocar, en efecto, cualquier hecho de nuestra existencia en nada se diferencia de recitar un poema que nos hemos aprendido de memoria.
En primera instancia surge, sin embargo, una objeción a esta distinción: cuando recordamos cierto incidente de nuestra niñez, este incidente (un castigo que sufrimos, una caída, etc.) no tiene a primera vista relación alguna con el concepto vulgar de la palabra aprendizaje y, sin embargo, sí la tiene, ya que la evocación de esa escena implica una asociación previa entre unas circunstancias de espacio y tiempo y una serie de imágenes que, como en el caso del reflejo de salivación de Pavlov, son despertados por esos estímulos. El que, como en muchos reflejos condicionados o de ciertos aprendizajes por intuición, no hay sido necesaria la repetición de la escena no destruye su naturaleza de proceso de aprendizaje. Evocar, en efecto, cualquier hecho de nuestra existencia en nada se diferencia de recitar un poema que nos hemos aprendido de memoria.
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