Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de julio de 2014

LA FRASE DEL DIA

BAILA COMO SI NADIE TE VIERA

AMA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HECHO DAÑO

CANTA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN ESCUCHADO

Y... VIVE COMO SI FUESE EL ULTIMO DIA DE TU VIDA...

viernes, 8 de noviembre de 2013

sábado, 7 de septiembre de 2013

STRES = MAL ALIENTO

Los nervios provocan sequedad en la boca y son una de las causas de la halitosis ocasional, según especialistas; por qué aparece esta "enfermedad social"; los perjuicios en lo cotidiano; cómo resolverlo

 El estrés vuelve a dar de qué hablar. Mientras más nervios pasa una persona, peor es su aliento. Según expertos en halitosis, esta "enfermedad social", que puede ser ocasional o crónica, se produce por falta de oxígeno en la boca. "El estrés influye muchísimo en el mal aliento, es directamente proporcional; los nervios hacen que se deshidrate, sobre todo, la lengua y la halitosis ocasional se produce por la falta de oxígeno temporal en la boca", explica a lanacion.com la Dra. Liza Marigo Klein, experta en este tema.
Otras causantes de la halitosis temporaria son la fiebre, dormir durante más de media hora, los fármacos, la quimioterapia, el cigarrillo, el alcohol, la falta de ingesta de alimentos por un período largo de tiempo, no tomar mucho líquido en el día. Las causas son tan variadas que esto explica que todas las personas la padezcan en algún momento del día. 

En el caso de la halitosis crónica, en cambio, los desencadenantes tienen más que ver con una placa bacteriana que se produce en la lengua y que alberga bacterias anaeróbicas; éstas proliferan en sitios como encías inflamadas, espacios interdentarios, pliegues de la lengua, etc.


Marigo Klein se extiende en definiciones y tratamientos de este "desequilibrio bacteriano considerado una enfermedad social". Focaliza en el impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen. "Te aleja de los vínculos, porque la gente no quiere hablar con alguien que exhala un aroma desagradable, produce inevitablemente distancia", dice y se explaya en casos de pacientes que se separaron de sus parejas por este problema, otros que estaban en crisis y lograron recomponer sus vínculos, de personas que se volvieron más sociables, que ganaron seguridad en el trato con sus pares y con sus superiores en el trabajo, entre otras historias. 

Paola llega al consultorio y accede a contar su historia a lanacion.com. Pide, al igual que los demás pacientes, no dar la cara. "Ni siquiera con mi marido hablo de esto. Es algo que avergüenza, deserotiza, no sé bien qué es pero prefiero no hablar en cámara", se excusa. Cuenta que hace años que estaba con esta "molestia", que no lograba opacar con chicles ni pastillas, y que no bien vio a un especialista confirmó como halitosis crónica y empezó el tratamiento. 

Lo que ocurre con su marido es curioso, porque con él entró en crisis y estuvo a punto de separarse por el rechazo que ella percibía; sin embargo, nunca pudieron conversar sobre el tema. "Ahora que estoy en tratamiento volvió la intensidad de los besos, volvió la pasión", dice sonriente, segura, y mira a su médica.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA PRÓXIMA GUERRA... LA GUERRA DEL AGUA


El agua brota como el mayor conflicto geopolítico del sigloxxi, ya que se espera que en el año 2025 la demanda de este elemento, tan necesario para la vida humana, será un 56% superior al suministro... y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Se calcula que para los 6250 millones de habitantes a los que hemos llegado se necesitaría ya un 20% más de agua. La pugna es entre quienes creen que el agua debe ser considerada un bien comerciable (como el trigo y el café) y quienes expresan que es un bien social relacionado con el derecho a la vida. Los alcances de la soberanía nacional y las herramientas legales son también parte de este combate.

En la mayoría de las regiones, el problema no es la falta de agua dulce potable, sino más bien la mala gestión y distribución de los recursos hídricos y sus métodos. La mayor parte del agua dulce se utiliza para la agricultura, mientras que una cantidad sustancial se pierde en el proceso de riego. La mayoría de los sistemas de riego funcionan de manera ineficiente, por lo que se pierde aproximadamente el 60 por ciento del agua que se extrae, el cual se evapora o vuelve al cauce de los ríos o a los acuíferos subterráneos. Los métodos de riego ineficientes entrañan sus propios riesgos para la salud; así por ejemplo, el anegamiento de algunas zonas de Asia Meridional es el determinante fundamental para la transmisión de la malaria, situación que se reitera en muchas otras partes del mundo.

Este recurso es un bien tan necesario que podría pasar a ser objeto de enfrentamientos políticos si se le observa solo como un negocio, lo que actualmente sucede con el embotellamiento del agua.

Entre 1970 y el 2000, la venta del agua creció más de 80 veces. Hoy en día, la industria del agua se embolsa 200 000 millones de euros por la venta del agua embotellada, solo las multinacionales francesas Vivendi y Suez controlan el 40% del mercado mundial operando en más de 200 países de todo el mundo con el apoyo del BM, el FMI y la OMC.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La hija ingrata (Cuento)

LA HIJA INGRATA


Un anciano muy pobre tenía solo una hija, de una hermosura inconcebible. La quería con locura, la mimaba y la consentía como si educara en su choza a una princesa y no a una pobre campesina que fuera su ayuda en los últimos años de su vida.

De esta manera, la joven pensaba solo en vestidos y bailes, a veces se le pasaban los días sin tener tiempo para rezar, y si elevaba los ojos al cielo era para decirse: ¡Oh, si pudiera tener un vestido de ese tono azul, unos zapatos de plata no las blancas nubes, una corona de oro como el sol, tantas piedras preciosas cuantas estrellas lucen en una noche de invierno, y tantas pedas como gotas de rocío brillan en una amanecer de verano!
El pobre padre le habría dado su propia sangre para procurarle todo este lujo, y con todo, más duro trabajó durante muchos años, no había conseguido más que ofrecerle un collar de corales.

Pero la muchacha se aburría y ansiaba siempre alguna prenda, algún adorno, en la miserable choza de su padre.

Un día de verano, cuando en el campo cogía flores para hacerse coronas, oyó el trotar de unos caballos en la carretera. Muy curiosa, la joven se precipitó a verlos y se paró como clavada en el suelo, al admirar un espectáculo maravilloso: por la carretera pasaba una carroza de oro, rodeada de un numeroso séquito de guerreros a caballo.

Por la ventanilla de la carroza se veía la cabeza de un hombre tan hermoso como ella.

Cuando los dos jóvenes cruzaron sus miradas, se atrajeron de tal manera que no podían dejar de mirarse. El príncipe, porque era un poderoso y muy rico príncipe, ordenó que parase el séquito, y llamando a la joven, le dijo: “Eres hermosísima como un ángel del cielo; querida mía, vente conmigo y te daré todas las riquezas que puedas soñar”.

Ella sin vacilar contestó: “Iré contigo, hermoso señor y seré tuya”.

El príncipe le estrechó la mano, la ayudó a subir a la carroza, la colocó a su lado. Ella solo se preocupaba de no estropear las bonitas flores que tenía en las manos. Cuando los caballos iban a ponerse en marcha llamó: “¡Parad, parad tengo que ir un momento a mi choza!”

El príncipe creía que la hermosa joven tenía en su choza unos padres de quienes quería despedirse, y abrazándola, dijo. “Antes de que regreses a tu choza serás mi mujer y te adornaré con vestidos de seda y una corona de oro”.

Pero ella continúa: “¡Parad, parad!, tengo que ir, pues en la choza he dejado mi único tesoro: ¡Mi collar de corales!”

Al oír el príncipe esto, y ver que era solo eso lo que la preocupaba, se echó a reír diciéndole que podía tener cuantos collares quisiera, y que le regalaría cuantas piedras preciosas como flores había en su delantal.

Entonces ella, consolada, para saber cuánto antes cuantos diamantes tendría, se puso a contar las florecillas echándolas por la ventanilla una a una. Pasó mucho tiempo contando y, entre tanto, los caballos corrían por aldeas y ciudades, campos y bosques, pues el príncipe venía de muy lejanas tierras.

Entretanto el pobre padre estuvo esperando hasta la noche, que pasó sin dormir, mirando por la inquietud. Se fue a buscar a su hija por todas partes, recorriendo todas las fincas vecinas y el bosque, pero en ninguna parte la encontró. Al fin le dijeron que la habían visto cogiendo flores en el campo; se dirigió al sitio indicado y percibió que en la carretera habían flores esparcidas, como si hubiera sido hecho a propósito para indicar un camino. Entonces se dijo:

“Seguramente unos bandoleros se han llevado a mi hija querida, y ella, para enseñarme el camino, lo sembró de estas flores”.

Y siguió el camino señalado llorando de pena. Por cada flor le caía una lágrima. Ni el sol quemando al mediodía, ni el frío rocío de la noche, le detenían en su camino.

Soportaba el hambre, el insomnio y el cansancio, pensando solo en la salvación de su hija. Y cuando le faltaba la señal de las flores, preguntaba a los caminantes:

“¿No habéis visto a mi hermosa hija? Es blanca como un alhelí, negros son sus hermosos cabellos, y como una guinda sus labios.

Entonces le contestaban que probablemente era la joven que habían visto viajar en una carroza de oro con el rico príncipe, y el buen hombre no sabía ya qué pensar, pero continuaba su camino.

Al fin, una noche llegó a un magnífico palacio. Hermosas luces brillaban en todas las ventanas y la música sonaba en todo el edificio.

El anciano, hambriento, se apoyó en el muro y se puso a llorar. Resonaban en sus oídos las voces alegres y los pasos de baile, pero él, solo pensaba en su hija.

De pronto, entre millares de voces, le sonó la carcajada de una voz única. Al hombre, asombrado, le faltó muy poco para desmayarse, pues era la voz de su hija, y recobrando de repente todas sus fuerzas y venciendo y separando a la servidumbre que quería detenerle, entró corriendo en el salón gritando:

“¡Hija mía, hija mía!”

Le estrechó las manos a la princesa, pero en esta princesa tan soberbia y tan ricamente vestida solo el propio padre hubiera podido reconocer a la humilde y pobre aldeana.

La princesa, al ver que este anciano harapiento se arrojó de tal manera que parecía que la sangre le iba a brotar por las mejillas, dijo: “¿Quien dejó entrar a este mendigo? ¡Echadle fuera!” –Ordenó a la servidumbre.

Los criados cogieron al anciano y le echaron fuera del palacio, pero echaron ya un cadáver, porque oyendo que su propia hija le despreciaba, el desdichado padre murió.

Esta descastada hija siguió viviendo alegremente como si no hubiera ocurrido nada, siguió viviendo tan feliz en este mundo, sin pensar en el otro.

Pasaron los días, uno tras otro, en regocijos y diversiones, hasta que llegó el día de difuntos.

Por la mañana, cuando oyó las campanas, percibió como un frío y desasosiego en su alma, y oyó una voz que le decía: “Ve a rezar por el alma de tu padre, no olvides rezar por él”. Pero ella no hacía caso de esta voz y quería poner otro remedio a su tristeza. Pidió al príncipe, quien, como desde el principio, la quería con locura y no le rehusaba nada, que diese un gran banquete.

Llegaron los invitados. De nuevo resonaron las orquestas, de nuevo se iluminó todo el palacio y de nuevo la princesa se vistió con todo lo más bello que tenía. Iba vestida con un traje azul como el cielo, tenía zapatos de plata como las blancas nubes, una corona de oro como el sol y sobre la corona el vestido y los zapatos habían tantas piedras preciosas, como estrellas hay en una clara noche de invierno. Tantas florecillas echó en su camino, y cuantas lágrimas vertió su padre...

Sobre sus brazaletes y collares tenía tantas perlas como gotas de rocío brillan en su amanecer de verano, como pasos dio su pobre padre buscándola y como sonrisas resplandecieron en su rostro, desde el momento de la muerte de su padre.

Y ¡Cómo se divertía, y como bailaba alegremente, cual si nunca le hubiera reprochado nada su conciencia!

El reloj marcaba las horas, las diez, las once, y nadie las oía. Nadie pensaba en el tiempo, hasta que por fin sonaron las doce. De repente todos los concurrentes a la fiesta gritaron horrorizados y cayeron de rodillas, pues había motivo para ello, con el último toque del reloj se abrió sola la puerta y entró en el grandioso salón un esqueleto.

“¡Hija mía, hija mía!” –Exclamó con voz de ultratumba, parándose a pocos pasos de la princesa.

La princesa palideció intensamente, quería decir algo, pero no emitió sonido alguno; quería retroceder pero todos sus miembros se paralizaron.

Mientras tanto el esqueleto iba aproximándose a ella, a cada paso, los huesos de sus pies sonaban en el suelo. “¡Tienes que pagar todas mis lágrimas!” –Díjole.

En este momento, todas las piedras preciosas que tenía ella sobre sí se deslizaron, convertidas en gotas de agua, sobre el suelo; eran tan numerosas como estrellas hay en el cielo y en una noche clara de invierno, como flores han marcado su camino, como lágrimas vertió su padre durante su ausencia.

viernes, 17 de agosto de 2012

Frase de Billie Joe Armstrong

Para hacer que sientes en tu corazón, necesitas cometer muchos errores. Todo lo que tiene éxito es creado a base de una serie de errores.
Billie Joe Armstrong

sábado, 4 de agosto de 2012

La educacion es...

La educación es una actividad personal que puede empezar a comprenderse desde la misma vocación del docente; es decir, independientemente de cuál sea la razón que haya llevado al profesor a la práctica de la docencia, existe en ella un componente de personalidad, que lo mismo puede manifestarse como una realización personal plena o como la más oscura de las frustraciones.
        En los alumnos y su formación se ha de reflejar la identificación positiva del docente con su vocación, en el entusiasmo y motivación de su relación con el conocimiento. De igual modo, en esos mismos alumnos se refleja la frustración y desencanto de aquel maestro que ha tenido que elegir el camino de la docencia sin estar convencido, ni identificado con esta actividad.
        En la docencia, al igual que en la medicina, el trabajo social y en todas aquellas actividades en las que la relación humana es el eje de la actividad, no es posible disociar la relación interpersonal de la relación profesional. Y en este ámbito, en particular, la diferencia estriba fundamentalmente en que la interacción que se establece tiene mayores posibilidades de trascendencia, es decir, el maestro se relaciona con el alumno o el asesorado no para resolverle un problema específico, sino a fin de prepararle para la solución de problemas propios de la vida. El docente aparece en la vida de una persona constantemente, se le asocia con momentos gratos y no tan gratos, se le recuerda por sus atributos o por sus defectos, el profesor es un protagonista constante en la vida de una persona.

jueves, 22 de marzo de 2012

Trabajar tanto... para...

Hay gente que trabaja duro, es decir, tienen turno de 12 o 14 horas, y si no es así, tienen dos y hasta tres trabajos a la vez, ¿porqué se matan tanto? Hoy en día, es necesario los gastos de primera necesidad, como vivienda, vestimenta, alimentos... sobretodo si tienen hijos.
Se supone que las personas tienen que trabajar, pero así como dedican su tiempo al trabajo, también lo deben dedicar a sus familias, a sí mismos, para distracción, para convivencia, para llevar una vida mejor y más plena, pero hay casos que incluso los domingos nos vemos obligados a trabajar, para que a los "nuestros" no les falten nada, pero en realidad sí les falta algo: ¡¡NOSOTROS!! vivimos tan metidos en nuestros trabajos que no podemos dedicarle un tiempo a nuestros hijos, padres, pareja, amigos... ya es hora de que pensemos también en las demás cosas que no impliquen trabajar. Dediquémonos un tiempo a nosotros mismos... de ahí (creo yo) que radican las enfermedades, ya que se empiezan a descuidar, en los alimentos, en el descanso mental y físico y poco a poco nuestro organismo se va debilitando... hay que evitar esto... es lo que deseo en realidad, DESCANSAR UN POCO!! Gracias por escucharme.