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domingo, 30 de julio de 2023

Porque siempre te amo...


Porque siempre te amo

sé valiente para salir adelante y tener éxito

solo seré feliz cuando tú lo estés

porque siempre te amaré


Es el hilo del destino que nos une a ti y a mí

como viejos sueños que vuelven

estoy derramando lágrimas, otra vez

cuando recuerdo


Cae sobre nosotros como un fuerte aguacero

mi corazón se ha ido

siempre que olvido, el asombro me recuerda de nuevo

todo se siente como ayer, qué puedo decir?


Porque siempre te amo

el amor que me das de todos lados

y no puedo perderlo pase  lo que pase


Porque siempre te amo

cuánto deben temblar los recuerdos

para evocar tu empatía?

My love


El reloj de arena solitario que fluye hasta el final

hacer las paces con el pasado

después de la lluvia viene el arcoíris

tendré el amor que he esperado


Porque siempre te amo

Cuanto tiempo hemos estado dando vueltas

todavía deambulamos por el umbral del tiempo


Porque siempre te amo

esperando que tu corazón se encuentre con el mío

nunca más dejes que nuestro amor sea en vano

my love...





Siento...

He estado rastreando por un tiempo...

persiguiendo un sueño hasta que comience

todas las cosas sutiles


No puedes borrar los recuerdos,

dirigen mi vida continua


Haces latir mi corazón

viaja desde la oscuriddad silenciosa

a las noches estrelladas

mantenemos nuestras manos 

y regreso a la bahía de origen


Siento amor,

solo quiero cumplir una promesa

nos siento,

cuando caes lentamente en mis brazos

eres el amor de mi vida


Haces que mi mundo sea tan perfecto

estrellas a millas de distancia 

brillando en el cielo

podemos encontrar el amor verdadero

este momento especial,

cuando veo tu sonrisa

es que mi sueño se ha realizado

sábado, 25 de octubre de 2014

PENSANDO EN TI...

Buques que pasan por la noche, y hablan entre sí al pasar;
Solamente una señal visible y una vez distante en la oscuridad.

martes, 15 de julio de 2014

LA FRASE DEL DIA

BAILA COMO SI NADIE TE VIERA

AMA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HECHO DAÑO

CANTA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN ESCUCHADO

Y... VIVE COMO SI FUESE EL ULTIMO DIA DE TU VIDA...

viernes, 8 de noviembre de 2013

domingo, 9 de septiembre de 2012

La hija ingrata (Cuento)

LA HIJA INGRATA


Un anciano muy pobre tenía solo una hija, de una hermosura inconcebible. La quería con locura, la mimaba y la consentía como si educara en su choza a una princesa y no a una pobre campesina que fuera su ayuda en los últimos años de su vida.

De esta manera, la joven pensaba solo en vestidos y bailes, a veces se le pasaban los días sin tener tiempo para rezar, y si elevaba los ojos al cielo era para decirse: ¡Oh, si pudiera tener un vestido de ese tono azul, unos zapatos de plata no las blancas nubes, una corona de oro como el sol, tantas piedras preciosas cuantas estrellas lucen en una noche de invierno, y tantas pedas como gotas de rocío brillan en una amanecer de verano!
El pobre padre le habría dado su propia sangre para procurarle todo este lujo, y con todo, más duro trabajó durante muchos años, no había conseguido más que ofrecerle un collar de corales.

Pero la muchacha se aburría y ansiaba siempre alguna prenda, algún adorno, en la miserable choza de su padre.

Un día de verano, cuando en el campo cogía flores para hacerse coronas, oyó el trotar de unos caballos en la carretera. Muy curiosa, la joven se precipitó a verlos y se paró como clavada en el suelo, al admirar un espectáculo maravilloso: por la carretera pasaba una carroza de oro, rodeada de un numeroso séquito de guerreros a caballo.

Por la ventanilla de la carroza se veía la cabeza de un hombre tan hermoso como ella.

Cuando los dos jóvenes cruzaron sus miradas, se atrajeron de tal manera que no podían dejar de mirarse. El príncipe, porque era un poderoso y muy rico príncipe, ordenó que parase el séquito, y llamando a la joven, le dijo: “Eres hermosísima como un ángel del cielo; querida mía, vente conmigo y te daré todas las riquezas que puedas soñar”.

Ella sin vacilar contestó: “Iré contigo, hermoso señor y seré tuya”.

El príncipe le estrechó la mano, la ayudó a subir a la carroza, la colocó a su lado. Ella solo se preocupaba de no estropear las bonitas flores que tenía en las manos. Cuando los caballos iban a ponerse en marcha llamó: “¡Parad, parad tengo que ir un momento a mi choza!”

El príncipe creía que la hermosa joven tenía en su choza unos padres de quienes quería despedirse, y abrazándola, dijo. “Antes de que regreses a tu choza serás mi mujer y te adornaré con vestidos de seda y una corona de oro”.

Pero ella continúa: “¡Parad, parad!, tengo que ir, pues en la choza he dejado mi único tesoro: ¡Mi collar de corales!”

Al oír el príncipe esto, y ver que era solo eso lo que la preocupaba, se echó a reír diciéndole que podía tener cuantos collares quisiera, y que le regalaría cuantas piedras preciosas como flores había en su delantal.

Entonces ella, consolada, para saber cuánto antes cuantos diamantes tendría, se puso a contar las florecillas echándolas por la ventanilla una a una. Pasó mucho tiempo contando y, entre tanto, los caballos corrían por aldeas y ciudades, campos y bosques, pues el príncipe venía de muy lejanas tierras.

Entretanto el pobre padre estuvo esperando hasta la noche, que pasó sin dormir, mirando por la inquietud. Se fue a buscar a su hija por todas partes, recorriendo todas las fincas vecinas y el bosque, pero en ninguna parte la encontró. Al fin le dijeron que la habían visto cogiendo flores en el campo; se dirigió al sitio indicado y percibió que en la carretera habían flores esparcidas, como si hubiera sido hecho a propósito para indicar un camino. Entonces se dijo:

“Seguramente unos bandoleros se han llevado a mi hija querida, y ella, para enseñarme el camino, lo sembró de estas flores”.

Y siguió el camino señalado llorando de pena. Por cada flor le caía una lágrima. Ni el sol quemando al mediodía, ni el frío rocío de la noche, le detenían en su camino.

Soportaba el hambre, el insomnio y el cansancio, pensando solo en la salvación de su hija. Y cuando le faltaba la señal de las flores, preguntaba a los caminantes:

“¿No habéis visto a mi hermosa hija? Es blanca como un alhelí, negros son sus hermosos cabellos, y como una guinda sus labios.

Entonces le contestaban que probablemente era la joven que habían visto viajar en una carroza de oro con el rico príncipe, y el buen hombre no sabía ya qué pensar, pero continuaba su camino.

Al fin, una noche llegó a un magnífico palacio. Hermosas luces brillaban en todas las ventanas y la música sonaba en todo el edificio.

El anciano, hambriento, se apoyó en el muro y se puso a llorar. Resonaban en sus oídos las voces alegres y los pasos de baile, pero él, solo pensaba en su hija.

De pronto, entre millares de voces, le sonó la carcajada de una voz única. Al hombre, asombrado, le faltó muy poco para desmayarse, pues era la voz de su hija, y recobrando de repente todas sus fuerzas y venciendo y separando a la servidumbre que quería detenerle, entró corriendo en el salón gritando:

“¡Hija mía, hija mía!”

Le estrechó las manos a la princesa, pero en esta princesa tan soberbia y tan ricamente vestida solo el propio padre hubiera podido reconocer a la humilde y pobre aldeana.

La princesa, al ver que este anciano harapiento se arrojó de tal manera que parecía que la sangre le iba a brotar por las mejillas, dijo: “¿Quien dejó entrar a este mendigo? ¡Echadle fuera!” –Ordenó a la servidumbre.

Los criados cogieron al anciano y le echaron fuera del palacio, pero echaron ya un cadáver, porque oyendo que su propia hija le despreciaba, el desdichado padre murió.

Esta descastada hija siguió viviendo alegremente como si no hubiera ocurrido nada, siguió viviendo tan feliz en este mundo, sin pensar en el otro.

Pasaron los días, uno tras otro, en regocijos y diversiones, hasta que llegó el día de difuntos.

Por la mañana, cuando oyó las campanas, percibió como un frío y desasosiego en su alma, y oyó una voz que le decía: “Ve a rezar por el alma de tu padre, no olvides rezar por él”. Pero ella no hacía caso de esta voz y quería poner otro remedio a su tristeza. Pidió al príncipe, quien, como desde el principio, la quería con locura y no le rehusaba nada, que diese un gran banquete.

Llegaron los invitados. De nuevo resonaron las orquestas, de nuevo se iluminó todo el palacio y de nuevo la princesa se vistió con todo lo más bello que tenía. Iba vestida con un traje azul como el cielo, tenía zapatos de plata como las blancas nubes, una corona de oro como el sol y sobre la corona el vestido y los zapatos habían tantas piedras preciosas, como estrellas hay en una clara noche de invierno. Tantas florecillas echó en su camino, y cuantas lágrimas vertió su padre...

Sobre sus brazaletes y collares tenía tantas perlas como gotas de rocío brillan en su amanecer de verano, como pasos dio su pobre padre buscándola y como sonrisas resplandecieron en su rostro, desde el momento de la muerte de su padre.

Y ¡Cómo se divertía, y como bailaba alegremente, cual si nunca le hubiera reprochado nada su conciencia!

El reloj marcaba las horas, las diez, las once, y nadie las oía. Nadie pensaba en el tiempo, hasta que por fin sonaron las doce. De repente todos los concurrentes a la fiesta gritaron horrorizados y cayeron de rodillas, pues había motivo para ello, con el último toque del reloj se abrió sola la puerta y entró en el grandioso salón un esqueleto.

“¡Hija mía, hija mía!” –Exclamó con voz de ultratumba, parándose a pocos pasos de la princesa.

La princesa palideció intensamente, quería decir algo, pero no emitió sonido alguno; quería retroceder pero todos sus miembros se paralizaron.

Mientras tanto el esqueleto iba aproximándose a ella, a cada paso, los huesos de sus pies sonaban en el suelo. “¡Tienes que pagar todas mis lágrimas!” –Díjole.

En este momento, todas las piedras preciosas que tenía ella sobre sí se deslizaron, convertidas en gotas de agua, sobre el suelo; eran tan numerosas como estrellas hay en el cielo y en una noche clara de invierno, como flores han marcado su camino, como lágrimas vertió su padre durante su ausencia.

viernes, 17 de agosto de 2012

Frases de Johnny Depp



Si amas a dos personas al mismo tiempo, elige a la segunda. Porque si realmente amaras a la primera, no te habrías enamorado de la segunda...
Johnny Depp

viernes, 10 de agosto de 2012

Las mujeres que aman demasiado



Las mujeres que aman demasiado siempre son tres. La heroína, que aguanta todas las desgracias para conseguir al galán. La antagonista, que tenderá hábilmente sus redes para seducirlo. La cenicienta, que pretende convertir al vividor en un padre ejemplar.


 

domingo, 5 de agosto de 2012

LONGEVIDAD A TRAVÉS DE LOS SUEÑOS

Longevidad a través de los sueños

cuentos

( Rafael R. Valcárcel )

cuentos

Santiago Velarde Paz, a sus siete años, aparenta ser un hombre con mucho recorrido. Al despertar el pasado 17 de julio, comenzó a hablar como si fuese alguien distinto al que se había ido a dormir la noche anterior. Sus padres, desconcertados, recurrieron a especialistas de toda clase, desembocando en las manos del obispo Jacinto Menéndez Pozuelo, quien propuso un exorcismo. Camino a la iglesia, se arrepintieron. Dieron fe al amor por su hijo.

Algunos medios sensacionalistas de México soltaron las riendas a su espíritu amarillo. No obstante, entre los desperdicios de imágenes, voces y papel, un saber estar atrajo nuestra atención. Las reacciones de Santiago Velarde, ante el acoso de la prensa local, no fueron las de un niño asustado, sino las de un hombre equilibrado. Su autenticidad no se sostenía tanto en las palabras que utilizaba como en su tolerancia para sobrellevar la estupidez ajena. La Pastilla Rosa lo invitó a conversar. He aquí un adelanto que ampliaremos en nuestro próximo número.

Santiago atribuye su madurez a las experiencias que vivió en sueños y que recuerda al dedillo: anécdotas de colegial, la carrera que estudió en la universidad, los detalles de sus noviazgos, la paternidad que asumió a sus hipotéticos 33 años, los domingos en el huerto de Sopocachi, las frases de los libros que lo emocionaron, los contratiempos, los tiempos, sus cumpleaños.


¿Soñaste dentro de ese sueño?
Soñaba cada noche. En uno recurrente tenía un hermano, Gonzalo. Vivíamos en un barrio llamado Lavapiés, donde personas de diferentes razas hablaban idiomas evocadores. Nos gustaba jugar a entender lo que decían.

¿Alguno de esos sueños fue tan real como en el que creciste?
Me ocurrió varias veces y, al despertar, nadie se asombraba. Incluso soñé dentro de esas realidades, pero prefiero no ahondar en ello porque sé que la comprensión nace de compartir, al menos, un indicio sobre lo que se habla. De lo contrario, las palabras se quedan en el asombro o en la incredulidad —sus ojos se tornan traviesos, asumiendo la compleja digestión de su caso.  

Entonces, se podría decir que tienes más de cien años.
Cien, doscientos, mil; para qué contarlos. Las estaciones tienen un sentido, los años no. La carne envejece sólo en el tiempo destinado a la carne, que es el de las estaciones. Las fechas son un invento como los marcadores en un partido. Prefiero jugar sin distraerme en banalidades. Se tiende a buscar la longevidad en ese tiempo lineal cuando es tan simple encontrarla a lo ancho, a través de los sueños.

¿Qué sentiste cuando despertaste este 17 de julio?
Normalidad, hasta que me consideraron extraño. No puedo olvidar lo que he vivido, y tampoco quiero. Quizá, mi único consuelo, dentro de este espacio que comparto contigo y con mis padres, es que mis errores los han pagado seres relativamente imaginarios. Lo aprendido será un regalo para quienes compartan mi futuro no sólo de carne y hueso. Me queda mucho por soñar.

EL LEPIDOPMAC

El lepidopmac

cuentos

( Rafael R. Valcárcel )

cuentos

Cientos de parejas aguardan su turno. Da gusto verlas porque no son comunes. Es evidente que se aman. Y no porque vayan de la mano o se miren con ternura, sino porque sería absurdo estar de pie tantas horas si no portasen las pruebas que lo acreditan. El letrero, donde inicia la fila, anuncia: “Pagamos 20 gramos de oro por mariposa”.

Se sabe que el método es indoloro y que cada estómago enamorado alberga entre 10 y 15 especímenes. Además, el intervenido puede generar nuevas mariposas al cabo de una semana. Sin embargo, existe un inconveniente. Con frecuencia, sólo uno de la pareja las porta, demostrándose que no es correspondido. El drama es inevitable. cuentos
Los detractores del doctor Lorca, inventor del Lepidopmac (aparato para cazarlas), lo tildan de “anti-romántico”. Unos, por ponerle precio a los sentimientos más nobles. Otros, por llevar al abismo a tantas parejas correctamente constituidas. Ni los oye. No hay tiempo. Su amada aguarda la sentencia. Cuando el número de mariposas iguale al de personas, Lorca las soltará. Confía en que nadie querrá sostener un fusil.

FRASES DE SRK

La convivencia, la pasión, la risa, la fe, la confianza y los celos son los ingredientes esenciales del amor.

domingo, 29 de julio de 2012

FILEMATOLOGÍA... El arte de besar



        Besar es todo un arte, pero también tiene su propia ciencia. Se llama filematología, y las últimas investigaciones en esta disciplina revelan que intercambiar saliva nos ayuda a escoger la pareja más adecuada.
        Según explicaba la neurocientífica Wendy Hill durante una reciente reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), las sustancias químicas que contiene la saliva nos ayudan a evaluar a una posible pareja para decidir si es la más idónea. Además, besarnos reduce los niveles de oxitocina, siempre y cuando besemos a la persona adecuada. Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutger y experta mundial en la biología del amor, también ha analizado el papel del beso, y asegura que “besar es un poderoso mecanismo de adaptación” presente en más del 90% de las sociedades humanas Sin olvidar, añade, que “los chimpancés y los bonobos se besan, los zorros se lamen sus hocicos entre sí, las aves se picotean y los elefantes ponen sus trompas en las bocas de los otros miembros de sus manadas”.
        En los humanos, el beso es fundamentalmente una cuestión química, según Fisher. La saliva masculina tiene testosterona y los hombres prefieren los besos húmedos porque “inconscientemente intentan transferir testosterona para provocar el apetito sexual en las mujeres”, según la experta. Además, este tipo de besos podría ayudarles a “medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja, para hacerse una idea de su grado de fertilidad”. En cuanto a las mujeres, el beso les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su posible pareja y saber “cuánto se cuida”.
        Por otra parte, la antropóloga sostiene que existen tres sistemas cerebrales diferentes que evolucionaron en el Homo sapiens para permitir el emparejamiento y la reproducción. El primero es el deseo sexual alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres. El segundo regula el amor pasional u obsesivo y parece estar vinculado a una actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural. El tercero, que controla el apego y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos, está ligado a un nivel mayor de oxitocina. El beso, probablemente, permite que se estimulen esos ters sistemas, concluye Fisher.


Beso, peso y salud
Los efectos que tiene un ósculo sobre nuestra salud también compete a la Filematología, pues ha demostrado que nos ayuda a estar sanos y bajar de peso, pues por cada beso que demos quemamos hasta 26 calorías, se fortalece nuestro sistema inmune, hace que el pulso se acelere y se prolongue la vida de quien lo practica continuamente.

jueves, 29 de marzo de 2012

Orfeo y Eurídice

Cuenta la leyenda que, en la época en que dioses y seres fabulosos poblaban la tierra, vivía en Grecia un joven llamado Orfeo, que solía entonar hermosísimos cantos acompañado por su lira. Su música era tan hermosa que, cuando sonaba, las fieras del bosque se acercaban a lamerle los pies y hasta las turbulentas aguas de los ríos se desviaban de su cauce para poder escuchar aquellos sones maravillosos.
La música y las palabras de Orfeo eran tan conmovedoras que consiguieron paralizar las penas de los castigados a sufrir eternamente. Y lograron también ablandar el corazón de Plutón, quien por un instante sintió que sus ojos se le humedecían.
—Joven Orfeo –dijo Plutón–, hasta aquí habían llegado noticias de la excelencia de tu música; pero nunca, hasta tu llegada, se habían escuchado en este lugar sones tan turbadores como los que se desprenden de tu lira. Por eso, te concedo el don que solicitas, aunque con una condición.
—¡Oh, poderoso Plutón! –exclamó Orfeo–. Haré cualquier cosa que me pidáis con tal de recuperar a mi amadísima esposa.
—Pues bien –continuó Plutón–, tu adorada Eurídice seguirá tus pasos hasta que hayáis abandonado el reino de las tinieblas. Solo entonces podrás mirarla. Si intentas verla antes de atravesar la laguna Estigia, la perderás para siempre.
—Así se hará –aseguró el músico.
Y Orfeo inició el camino de vuelta hacia el mundo de la luz. Durante largo tiempo Orfeo caminó por sombríos senderos y oscuros caminos habitados por la penumbra. En sus oídos retumbaba el silencio. Ni el más leve ruido delataba la proximidad de su amada. Y en su cabeza resonaban las palabras de Plutón: "Si intentas verla antes de atravesar la laguna de Estigia, la perderás para siempre".
Por fin, Orfeo divisó la laguna. Allí estaba Carón con su barca, y al otro lado, la vida y la felicidad en compañía de Eurídice. ¿O acaso Eurídice no estaba allí y solo se trataba de un sueño? Orfeo dudó por un momento y, lleno de impaciencia, giró la cabeza para comprobar si Eurídice le seguía. Y en ese mismo momento vio como su amada se convertía en una columna de humo que él trató inútilmente de apresar entre sus brazos, mientras gritaba preso de la desesperación:
—¡Eurídice, Eurídice!
Orfeo lloró y suplicó perdón a los dioses por su falta de confianza, pero solo el silencio respondió a sus súplicas. Y según cuentan las leyendas, Orfeo, triste y lleno de dolor, se retiró a un monte donde pasó el resto de su vida sin más compañía que su lira y las fieras que se acercaban a escuchar los melancólicos cantos compuestos en recuerdo de su amada.
Un día en que Orfeo se encontraba en el corazón del bosque, tañendo su lira, descubrió entre las ramas de un lejano arbusto a una joven ninfa que, medio oculta, escuchaba embelesada. Orfeo dejó a un lado su lira y se acercó a contemplar a aquel ser, cuya hermosura y discreción no eran igualadas por ningún otro.
—Hermosa ninfa de los bosques –dijo Orfeo–, si mi música es de tu agrado, abandona tu escondite y acércate a escuchar lo que mi humilde lira tiene que decirte.
La joven ninfa, llamada Eurídice, dudó unos segundos, pero finalmente se acercó a Orfeo y se sentó junto a él. Entonces, Orfeo compuso para ella la más bella canción de amor que nunca se había oído en aquellos bosques. Y pocos días después se celebraba, en aquel mismo lugar, la boda de Orfeo y Eurídice.
La felicidad y el amor llenaron los días de la joven pareja. Pero los hados, que todo lo truecan, vinieron a cruzarse en su camino. Y una mañana, en que Eurídice paseaba por un verde prado, una serpiente vino a morder el delicado talón de la ninfa, depositando en él la semilla de la muerte. Así fue como Eurídice murió apenas unos meses después de haber celebrado su boda.
Al enterarse de la muerte de su amada, Orfeo cayó presa de la desesperación. Lleno de dolor decidió descender a las profundidades infernales, para suplicar que permitieran a Eurídice volver a la vida.
Aunque el camino a los infiernos era largo y estaba lleno de dificultades, Orfeo consiguió llegar hasta el borde de la laguna Estigia, cuyas aguas separan el reino de la luz del reino de las tinieblas. Allí entonó un canto tan triste y tan melodioso que conmovió al mismísimo Carón, el barquero encargado de transportar las almas de los difuntos hasta la otra orilla de la laguna.
Orfeo atravesó en la barca de Carón, las aguas que ningún ser vivo puede cruzar. Y una vez en el reino de las tinieblas, se presentó ante Plutón, dios de las profundidades infernales y acompañado de su lira, pronunció estas palabras:
–¡Oh, señor de las tinieblas! Heme aquí, en vuestros dominios, para suplicaros que resucitéis a mi esposa Eurídice y me permitáis llevarla conmigo. Yo os prometo que cuando nuestra vida termine, volveremos para siempre a este lugar.