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sábado, 7 de septiembre de 2013

STRES = MAL ALIENTO

Los nervios provocan sequedad en la boca y son una de las causas de la halitosis ocasional, según especialistas; por qué aparece esta "enfermedad social"; los perjuicios en lo cotidiano; cómo resolverlo

 El estrés vuelve a dar de qué hablar. Mientras más nervios pasa una persona, peor es su aliento. Según expertos en halitosis, esta "enfermedad social", que puede ser ocasional o crónica, se produce por falta de oxígeno en la boca. "El estrés influye muchísimo en el mal aliento, es directamente proporcional; los nervios hacen que se deshidrate, sobre todo, la lengua y la halitosis ocasional se produce por la falta de oxígeno temporal en la boca", explica a lanacion.com la Dra. Liza Marigo Klein, experta en este tema.
Otras causantes de la halitosis temporaria son la fiebre, dormir durante más de media hora, los fármacos, la quimioterapia, el cigarrillo, el alcohol, la falta de ingesta de alimentos por un período largo de tiempo, no tomar mucho líquido en el día. Las causas son tan variadas que esto explica que todas las personas la padezcan en algún momento del día. 

En el caso de la halitosis crónica, en cambio, los desencadenantes tienen más que ver con una placa bacteriana que se produce en la lengua y que alberga bacterias anaeróbicas; éstas proliferan en sitios como encías inflamadas, espacios interdentarios, pliegues de la lengua, etc.


Marigo Klein se extiende en definiciones y tratamientos de este "desequilibrio bacteriano considerado una enfermedad social". Focaliza en el impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen. "Te aleja de los vínculos, porque la gente no quiere hablar con alguien que exhala un aroma desagradable, produce inevitablemente distancia", dice y se explaya en casos de pacientes que se separaron de sus parejas por este problema, otros que estaban en crisis y lograron recomponer sus vínculos, de personas que se volvieron más sociables, que ganaron seguridad en el trato con sus pares y con sus superiores en el trabajo, entre otras historias. 

Paola llega al consultorio y accede a contar su historia a lanacion.com. Pide, al igual que los demás pacientes, no dar la cara. "Ni siquiera con mi marido hablo de esto. Es algo que avergüenza, deserotiza, no sé bien qué es pero prefiero no hablar en cámara", se excusa. Cuenta que hace años que estaba con esta "molestia", que no lograba opacar con chicles ni pastillas, y que no bien vio a un especialista confirmó como halitosis crónica y empezó el tratamiento. 

Lo que ocurre con su marido es curioso, porque con él entró en crisis y estuvo a punto de separarse por el rechazo que ella percibía; sin embargo, nunca pudieron conversar sobre el tema. "Ahora que estoy en tratamiento volvió la intensidad de los besos, volvió la pasión", dice sonriente, segura, y mira a su médica.

domingo, 5 de agosto de 2012

DIARIO DE UNA CANCION...

Esta mañana arrojé el diario contra la pared. No estoy segura de por qué lo hice. Antes pensaba que los periódicos se centraban en las tragedias, pero ahora sé que lo único que les atrae es la violencia, que la muerte sin ella no interesa, por más que sea colectiva y te deje sola, que es la tragedia más grande que hay”. Así comenzaba el diario personal de Eriel, el que durante una década estuvo a la venta en una feria callejera de objetos usados, el que nadie compró al ojear sus primeras páginas y el que hace dos semanas fue adquirido por el Reina Sofía al conocer el contenido de todas las demás.
 
Cabe puntualizar que las notas no eran registradas con fechas, pero dicho documento adquiere la categoría de diario, y no de libro de apuntes, porque Eriel, cada vez que escribía, señalaba si era un lunes, jueves o sábado; envolviendo una historia lineal en una secuencia circular de días de la semana. Sin embargo, por los datos registrados y las averiguaciones realizadas por la actual institución propietaria, se estima que las vivencias descritas transcurrieron entre 1974 y 1979.
 
Un viernes en el que Eriel cayó en una de sus recurrentes depresiones, fue socorrida por un débil recuerdo extraído de su infancia, cuando sus padres le aplacaban sus ganas de ser mayor, cantándole:
Si de verdad quieres crecer y no envejecer
nunca vayas deprisa ni tampoco lento
el secreto es ir a la inversa del tiempo
pero nunca deprisa ni tampoco lento
sólo hay que ir a la velocidad del tiempo
para así comenzar a crecer y no envejecer
 
El que acelera el paso descubre la nostalgia
el que se queda en el momento se queda
mas el que decide crecer conservando al niño
avanza hacia atrás recuperando su inicio
y los recuerdos que traspasan el ombligo (bis)…”.
 
Cuando era niña no le prestaba mucha atención a la letra, sólo se dejaba llevar por la melodía que la hacía sentir arropada por un hogar. Recordaba algo más que la voz cálida de sus padres, recordaba cada uno de los instrumentos que armonizaban la letra; y, envuelta en esas sensaciones, comenzó a sentirse bien, verdaderamente bien. Era como si el recuerdo pasara a ser un presente que la introducía en un espacio donde la tristeza y la rabia estaban prohibidas. No obstante, el hambre y luego el sueño la sacaron de su burbuja, pero la sonrisa se quedó en su rostro.
 
A la mañana siguiente, Eriel se despertó con la firme idea de conseguir esa canción –cruzada que marcó el interés del museo por el diario–. Recorrió todas las discográficas de su ciudad sin éxito, y tampoco lo tuvo al preguntarle a sus amigos y conocidos. A raíz de eso, dejó su trabajo, cogió una mochila y recorrió todos los países hispanohablantes durante unos cuatro años.
 
Debido al desconocimiento de los entendidos, y no entendidos, decidió preguntarle a cualquier desconocido si le sonaba esa canción (Eriel estaba segura de que no era una canción inventada por sus padres, porque recordaba con claridad la música, y ellos no sabían tocar ningún instrumento ni mucho menos componer). Así que Eriel ingenió muchas formas para llegar a la gente y otras tantas para conseguir financiación, que fueron narradas hasta la penúltima página del diario. Coordinó una serie de obras con el Teatro de los Andes para adentrarse en decenas de comunidades recónditas, convenció a Alberto Spinetta y a Mercedes Sosa para realizar actuaciones en varias ciudades y pueblos de Argentina… y montó un centenar de acciones con actores callejeros y músicos de 18 países. Pero ninguna persona le dio lo que buscaba.
 
Al terminar su diario, en el lunes final, Eriel escribió: Convencida de que yo era quien le había puesto instrumentos a esa canción familiar, decidí irme a cualquier parte. Estiré la mano y un autobús amarillo se detuvo. Había un asiento vacío junto a la ventana, al lado de un niño que llevaba un mandil con el nombre Gonzalo bordado en el pecho. El bus comenzó a moverse mientras yo no podía retener las lágrimas de impotencia, de fracaso. Traté de animarme para no llamar la atención y por manía comencé a tararear la melodía de mi canción. Y ese niño, Gonzalo, comenzó a cantar, y le siguió un joven canoso, y después un hombre muy arrugado que estaba delante, y siguieron todos los demás, hasta el chofer. Era hermoso escucharlos…
 
El que acelera el paso descubre la nostalgia
el que se queda en el momento se queda
mas el que decide crecer conservando al niño
avanza hacia atrás recuperando su inicio
y los recuerdos que traspasan el ombligo
 
Si de verdad quieres crecer y no envejecer
recuerda que el juego es el principio de todo
y recuerda que ser parte es el único modo
pero es necesario que recuerdes ante todo
que sin arrugas nunca encontrarás el modo
de retomar las huellas para no envejecer…
 
Y mientras los escuchaba, me di cuenta de que el bus avanzaba marcha atrás